¿Un nuevo “milagro” económico?

Jose Luis MedalLa Prensa | Las cifras estadísticas no respaldan la idea —o propaganda— de que Nicaragua está atravesando un nuevo “milagro” económico. La tasa promedio de crecimiento anual del PIB de Nicaragua en la década de 1950 fue de 5.7 por ciento.

Conforme la serie histórica que publica el Banco Central, la tasa de crecimiento promedio anual del período 1961-1969 fue de 7.6 por ciento —el mayor en la historia del país— y la tasa del período 1970-77 fue de 5.1 por ciento. En la década de 1980, como se sabe la economía se derrumbó y el crecimiento promedio anual fue negativo en el período 1979-1989: -3.1 por ciento. Posteriormente —después de un crecimiento negativo en 1990-1993, que fue una secuela de la contracción de los ochenta— entre 1994 y el año 2006 la tasa de crecimiento promedio anual fue de 4.1 por ciento, mayor que la del período reciente 2007-2013 (3.4 por ciento). Cabe destacar que el crecimiento promedio anual en los últimos tres años del gobierno de doña Violeta fue de 5.1 por ciento.

Sin pretender —ni mucho menos— alabar a la dictadura de los Somoza, es un hecho innegable que las tasas de crecimiento económico del período 1950-1977 no solo fueron las mayores en toda la historia de Nicaragua sino que fueron además mayores que las del período 1990-2013. El mayor crecimiento durante 1950-1977 se explica en buena medida porque coincidió con los llamados “treinta años gloriosos” de crecimiento internacional que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, aunque a ello también contribuyeron las políticas desarrollistas que se implementaron en ese período, lo mismo que las políticas monetaria, fiscal y cambiaria, que permitieron una estabilidad macroeconómica significativamente mayor que la actual.

Las estadísticas no apoyan la hipótesis de un “nuevo milagro económico”. En todo caso el modesto crecimiento de 1990-2013, debe atribuirse a las denominadas políticas neoliberales que se aplicaron a lo largo de todo ese período. Es interesante destacar que paradójicamente el mayor crecimiento económico en los distintos gobiernos del período 1990-2013, tuvo lugar en el período presidencial 1997-2001, cuando el crecimiento promedio anual alcanzó el 4.3 por ciento. En ello influyó —lamentablemente— el huracán Mitch, ya que provocó —lo que por otro lado fue positivo— un enorme flujo de ayuda externa por lo que el crecimiento en 1999 fue de 7 por ciento, el mayor observado en el período 1990-2013. La economía creció por la ayuda internacional y a pesar del gobierno de turno que fue marcadamente corrupto.

Al hablar hoy de un “milagro” económico se ignoran varios hechos. Primero, a pesar de las modestas tasas de crecimiento del período 1990-2013, Nicaragua no ha logrado recuperar el PIB per cápita que tenía en 1977. ¿Dónde está el milagro? Segundo. Aunque las exportaciones a partir del año 2000 han crecido significativamente, se ignora que para analizar el comportamiento de las mismas en el largo plazo, la variable que debe utilizarse son las exportaciones per cápita en valores constantes y no las exportaciones totales de bienes, en valores nominales. Sin incluir zonas francas, las exportaciones per cápita de Nicaragua en valores constantes apenas están alcanzando las que teníamos en 1977. Tercero. No se hace mención que el modesto crecimiento promedio del período 1990-2013, no ha sido acompañado de una transformación productiva del amplio sector informal de la economía, cuya productividad es muy reducida. Como ha señalado insistentemente Adolfo Acevedo, mientras no se produzca una transformación estructural de la economía, la productividad promedio —y el crecimiento económico— será reducido. Cuarto. No tiene sentido hablar de un “milagro económico” donde cerca del 40 por ciento de la población sobrevive con menos de dos dólares diarios. El único milagro es que logran sobrevivir.

No se pretende subestimar el modesto crecimiento económico que tuvo lugar en el período 1990-2013. Fue sin embargo muy reducido, sobre todo para un país que partió de un PIB sumamente bajo. Y cuando un país tiene un PIB muy bajo, para al menos tratar de nivelarse con sus vecinos, debe necesariamente crecer a una tasa más acelerada. Ello requiere de un conjunto de políticas de desarrollo productivo y de instituciones democráticas sólidas para alcanzar un desarrollo sostenible.

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