Los ochocientos talentos que cambiaron el mundo

Dr Cuadra“Ningún otro pensador ha contribuido más que Aristóteles a la Ilustración de la Humanidad. A él le debemos lo que somos desde el punto de vista intelectual, moral y político”.

Aristóteles nació en Estagira, ciudad de Macedonia el año 384 A.C. Esta ciudad estaba a solo 300 Km de Atenas. De allí su apodo de el “estagirita”. Fue Preceptor de Alejandro el Grande, hijo del Rey Filipo de Macedonia por un período de aproximadamente dos años. Ingresó a la Academia de Platón y estuvo bajo su dirección por más de veinte años, hasta la muerte de este en el 348 A.C.

Cuando terminó la educación del príncipe Alejandro regresó Aristóteles a Atenas en donde estableció una Escuela en el monte Licabeto y el de Ilisos, en donde recibió el nombre de “Liceo” o Lykeion. La costumbre que adquirieron él y sus discípulos de caminar mientras se discutía cualquier tema, les asignó el nombre de “peripatéticos”.

“La vida -dice un adagio griego- es el don de la naturaleza; pero una vida bella es el don de la sabiduría”.

Aristóteles consideró a la facultad de la Inteligencia, no solamente como la facultad para aprender la sabiduría y posteriormente trasmitirla, sino también como la facultad más noble que posee el ser humano. A tal extremo, que consideró la vida teorética (o científica) y contemplativa, como la fuente máxima de cualquier felicidad posible en este mundo.

Por otro lado, también a Aristóteles le interesó la Biología y las Ciencias Naturales. Se dice que el Liceo tenía un equipo que le ayudaba a recolectar especies de plantas y animales de todo el mundo conocido de entonces. Y de allí también le viene la fama de ser un gran investigador y naturalista.

También se interesó por la moral y la política. Con un equipo similar al anterior pudo estudiar 158 constituciones políticas de cada Estado-ciudad de la Grecia de entonces.

Y a él se debe el término de “virtud” y no necesariamente al cristianismo que posteriormente lo asimiló, que quiere decir: “término medio” (Arete) entre un vicio de defecto y otro vicio de exceso. Por sus estudios del cuerpo humano llegó a descubrir que la “temperatura media” del mismo, estaba entre los dos extremos opuestos, a saber de escaso o excesivo calor o frío. Aplicando estos principios fisiológicos del cuerpo, es como Aristóteles descubrió “la salud moral” del ser humano en la práctica de la “virtud”.

Y su obra más importante: “La filosofía Primera”, llamada posteriormente “Metafísica” por un discípulo llamado Andrónico de Rodas. Y qué decir de su famoso y primer libro de la lógica sistematizada, “El Organon”.

“Aristóteles -dice W. Durant- construyó la terminología de la ciencia y de la filosofía. El fue el que inventó el “silogismo” o la forma lógica más elemental de pensar, dio una interpretación racional del movimiento a través de su famosa teoría del “acto y la potencia”; nos enseñó a pensar a partir de las causas y nos ayudó a descubrir el sentido finalista de las cosas y de la existencia.”

Sus obras ascienden a más de mil, y muchas de ellas se perdieron para siempre en el año 63 A.C en el famoso incendio de la Biblioteca de Alejandría. En Atenas tuvo que huir para no ser martirizado como Sócrates. Poseía esclavos, pero en su testamento les dio la libertad. De la mujer tuvo una opinión bastante favorable: para él, la mujer con respecto al hombre en el matrimonio deben tener una relación de igualdad y de superioridad con respecto a los hijos.

Su amistad con Alejandro el Grande tuvo sus frutos: le envió la suma de ochocientos talentos (4 millones de dólares) para sus investigaciones. El gran conquistador del Asia solía decir: “por mi parte, me place más sobresalir por el conocimiento del bien que por la extensión de mi poder y de mi imperio”.

Y para terminar, quisiéramos hacer nuestras las siguientes palabras de W. Durant: “Con estas cifras (800 talentos), tenemos aquí el primer ejemplo en la historia europea de ayuda pecuniaria a la ciencia en gran proporción, por parte del tesoro público. ¡Qué progresos no podrían esperar de nuestra ciencia si los Estados modernos protegieran la investigación con la generosidad de aquellos tiempos!”.

Por Dr. Juan B. Cuadra (Ph. D. Catedrático de Filosofía de Keiser University)

Publicado en http://www.elnuevodiario.com.ni/

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