La Guatemala de Ayer

Dr. CarreraHe aprovechado las vacaciones universitarias de fin de año para acelerar el ritmo de lectura, de algunos libros publicados recientemente en nuestro país, sobre la “Nueva Guatemala de la Asunción”. En esta oportunidad comentaré el libro de Don Mario Alberto Mencos (1998) “La Guatemala de ayer. Cartas a un mi amigo” (Ciudad de Guatemala: Artemis-Edinter . 2ª edición. 134 Pp). Prólogo del Dr. Luis Luján Muñoz.

El libro se basa en los artículos publicados en “La Hora Dominical” entre 1957 y 1959. Nuestro autor, nacido en 1894 y fallecido en 1964 vivió algunos años en la capital mexicana, en donde se reencontró con un amigo de su infancia, el Dr. Pedro Beltranena, quien ejercía en esa ciudad como cirujano dentista. Ese reencuentro provocó la memoria de ambos, propiciando el recuerdo de hechos vividos durante su niñez en la Ciudad de Guatemala, a principios de siglo. A su retorno a nuestra ciudad, Don Mario Alberto decidió publicar esas “cartas a un mi amigo” que ahora, gracias a la iniciativa de una de sus hijas, la Licenciada Margarita Mencos, podemos leer las “nuevas generaciones” de capitalinos.

El libro de Mencos Valenzuela nos confirma que la “Nueva Guatemala”, la ciudad heredera y trasladada del valle de Pancho y hacia los valles de “Las Vacas”, cerca de “La Parroquia Vieja” y del famoso “Puente de Las Vacas” de hoy; de “La Ermita o de la Virgen” en las inmediaciones del “Cerrito del Carmen” y de “La Candelaria”; y de la “Culebra”, en las proximidades del montículo del mismo nombre, a lo largo del cual, los españoles aprovechando el declive natural de tal montículo creado por la naturaleza construyeron el “Acueducto de Pínula”, en las cercanías de San Catarina Pínula, más conocido hoy como “Los Arcos”; tiene en su vida urbana un primer período que corre del año de su traslado en 1776 hasta los terremotos de 1917-1918. Con ello quiero expresar que la ciudad que empieza a construirse en su nuevo asentamiento, después de su ruina en Panchoy en 1773, recibe un golpe mortal, especialmente en vidas humanas y en sus recias edificaciones, en los aciagos meses de diciembre de 1917 y en enero de 1918. Por ello, muchos de nosotros ya no conocimos la “Nueva Guatemala de la Asunción” que era en realidad una “ciudad colonial”, a pesar de que la Independencia de España y luego de la anexión a México, concluyeran en los primeros treinta años del siglo XIX.

Nuestro autor, dueño de una memoria prodigiosa, rememora la vieja nomenclatura de las calles, avenidas, callejones y pasajes de nuestra ciudad. Especialmente en los primeros veinte años del siglo XX, pero también acordándose del lento proceso de reconstrucción que vive la ciudad después de los desastrosos terremotos del 17 y 18 hasta llegar a los años cincuenta. Todo lo anterior, constituye un valioso aporte en términos de la descripción de la ciudad, contextuándola en ese período importante de su historia. En sus páginas no se esconde la vida rural al interior de la “urbe” y se sienten con todo rigor el peso de las campanas de las iglesias en la vida cotidiana de sus escasos habitantes. Hay excelentes descripciones de los medios de comunicación, el comercio, los prominentes edificios públicos, como el “Teatro Colón” y “La Estación Central” y algunas “casonas” de particulares. En tal descripción sobresalen el ferrocarril, los carruajes, el tranvía tirado por mulas, el famoso “Decauville”, los comercios “del Portal”, “El Mercado Central”, los restaurantes y hoteles, con el minucioso recuerdo de sus nombres y de sus propietarios.

Sin ser un apologista de Manuel Estrada Cabrera, da su visión de la política educativa del tirano, no sólo por medio de las escuelas de artes y oficios, pero especialmente del sistema educativo del Estado. El efecto de “Las Minervalias”. Don Mario Alberto, con su libro, nos deja palpitando el corazón de una ciudad imperecedera que hoy ya no existe.

Por Dr. Eduardo Velásquez Carrera (PhD)
Centro de Estudios Urbanos y Regionales USAC (Guatemala)

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